Mi historia dentro del mundo de las intolerancias comienza hace ya casi tres años, bueno, en realidad creo que mucho antes, pero con síntomas mínimos. Hace tres años hubo lo que llaman "un desencadenante", un coctel de tres virus diferentes que me afectaron al hígado y a partir de entonces fueron en aumento los síntomas y los alimentos que me iban afectando.
Yo me notaba que había cosillas que cada vez me iban sentando peor, pero no le daba importancia (no se la quería dar), pues te puede coger un día raro y mil excusas mas para no culpar a ese alimento, ya que con bastante frecuencia somos adictos a aquellos productos que nos están haciendo mal. Lo gracioso es que echando la vista atrás, he abusado mucho de estos alimentos a los que ahora soy intolerante, y si bien abusar me llevo a esto o la intolerancia a abusar, el sentimiento es el mismo cuando el resultado es que los debes eliminar de tu vida para siempre.
Tras dos años de desesperación sin encontrar una respuesta médica que me solucionara o me explicara que me estaba sucediendo, viendo que la lista de alimentos parecía aumentar y que los síntomas se iban agravando, me decidí a buscar médicos de pago que me pudieran ayudar. Y con esto no digo que la sanidad pública sea mala, solo que cuando en tu ciudad no hay muchos especialistas a los que recurrir, las pruebas que te hacen salen una y otra vez que estas sana sanísima y te sigues encontrando mal, recurres a lo que sea y le rezas al mas santo para que te solucionen esta papeleta. La realidad fue que al segundo especialista que me recomendaron, en cuanto escucho mi historia, supo que me estaba pasando, resolvió en 20 minutos lo que otro especialista denominó un puzle muy difícil de resolver.
La situación era que a diario tenia muchísimos gases, tantos que no me permitían hacer una vida normal, con días que era tal el cúmulo que me dolía el pecho o la espalda. Ese era el mejor de los síntomas. El siguiente era la diarrea, seguido de días de estreñimiento o vómitos en el peor de los casos. Con el paso de los meses apareció la ansiedad por comer, a penas había pasado un cuarto de hora desde la ultima comida y volvía a sentir hambre, de tal forma que no era capaz de aguantar por mucho que supiera que no podía ser real ese hambre. Mas tarde apareció el cansancio continuo durante todo el día, la somnolencia después de las comidas o insomnio por las noches, y casi a la par de esos días de cansancio extremo apareció la fiebre y los dolores de cabeza. A todo esto se le une que poco a poco fui ganando peso, muy lentamente, pero que por mucho ejercicio o dieta que hiciera no servía para nada.
Todo ello me hacía sospechar de ciertos alimentos, pero había otros que se me escapaban y como es lógico nunca me sentía del todo bien, por lo que no podía llevar una vida normal. La verdad es que la especialista que dió con que lo mio eran las incompatibilidades alimenticias, que es lo mismo que las intolerancias, me hizo olvidarme de todo lo pasado en esos años con dos semanas a dieta. En dos semanas me quitó lo que ella considero que podía provocarme esos síntomas, más las cosas que yo ya tenía seguras que no me funcionaban. Dos semanas sin dolores, dos semanas de paz, dos semanas de sentirme bien anímica y físicamente... Simplemente increíble! No fue tan fácil, puesto que han sido dos meses de ir probando que alimentos van bien, cuales no, que vayan y vengan los síntomas, que se te cuele algún alimento intruso por cocinar por costumbre y la cagues...
Y en esta fase de prueba continúo aun, teniendo claro que mi lista de indeseados por ahora se resume en: trigo, cebada, centeno, sésamo, maíz, leche de vaca, soja, pimienta negra y comino. Hoy por hoy estoy intentando averiguar si tolero cereales con gluten como la avena, el trigo de espelta y kamut. Y probando cosillas de quinoa y trigo sarraceno.
En este blog pretendo contar mis experiencias sobre este nuevo mundo que se ha abierto ante mis ojos, en el que llevo poquito tiempo, soy una novatilla, pero en el que entro con ganas de compartir recetas, experiencias y trucos para todo el que le pueda servir. Advierto que soy una cocinillas, que me lanzaré a la aventura en cuanto me apetezca algo que no puedo, porque no me resigno a la tristeza de querer y no poder. Porque me encanta el pan, las pizzas, los bizcochos y todo lo típicamente lleno de gluten y lactosa.
Porque se puede vivir con esto sin tentaciones, si le echas imaginación.
¡Un abrazo muy grande a todos los intolerantes que me lean, a los familiares y a los cocinillas curiosones!
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